Los libros de mi infancia

5 marzo, 2012 Recomendados

¿Por qué a ciertos libros –historias antiguas y famosas, muchas veces llevadas al cine- los llamamos “clásicos”? Porque han vencido el paso del tiempo gracias a la calidad de su narrativa y a la fuerza de sus relatos. Son inmortales. Quería aprovechar este espacio para recordarlos y homenajearlos. Son piezas que se pueden leer y releer, y en las que siempre se encuentran nuevos detalles. O tal vez, al leerlos después de años, se los redescubre desde otro sitio.

Yo comencé a leer los clásicos cuando era muy chica, sin saber que eran joyas literarias. Me los compraba mi papá, y pertenecían a dos colecciones, la Robin Hood y la Billiken, que publicaban versiones acortadas y adaptadas para niños, pero que conservaban el espíritu de la obra. Confieso que yo prefería los de la Robin Hood; me gustaban más sus ilustraciones.

Recuerdo con especial cariño los libros de Johanna Spyri, una excelsa narradora de historias que acontecían en su Suiza natal, y que involucraban a personas simples, con vivencias profundas y conmovedoras. Amé Heidi, pero sobre Jörli, en el que había una maestra que se llamaba Francesca. Me quedé infatuada con el nombre y, muchos años más tarde, lo empleé para bautizar a la protagonista de mi primer libro, Lo que dicen tus ojos.

A Jane Eyre, de Charlotte Brönte, la primera novela romántica que leí, la conservo en mi biblioteca por partida doble: el ejemplar de la colección Robin Hood (la ilustración de Jane y Edward Rochester abrazados bajo el árbol todavía me arranca suspiros) y una edición nueva, completa y sin dibujos.

Cumbres Borrascosas de su hermana Emily Brönte, se lo robé a mi mamá de su mesa de luz. Era una edición viejísima, con un dibujo de la cara de Heathcliff en la tapa que me hacía temblar. Es una novela impactante y debió de escandalizar a los de su época. A mí, me resultó demasiado oscura y trágica. Además, nunca comprendí el comportamiento de Catherine, la protagonista, aunque tal vez esté cometiendo el error de analizarlo bajo la luz del siglo XXI en lugar de hacerlo bajo la de aquella época tan conservadora y clasista. No obstante, es una obra extraordinaria, cuya lectura recomiendo sin dudar.

Jane Austen es otra de las escritoras clásicas que me gustaría recordar. Sus obras Orgullo y prejuicio y Persuasión conforman la lista de mis libros favoritos. Los he leído varias veces, en castellano y en su lengua madre, el inglés. Jane me hace acordar a su tocaya, Johanna Spyri, porque era una mujer en apariencia simple, nacida en el hogar de un pastor anglicano, sin recursos económicos, pero con una riqueza interior y una capacidad para observar su medio ambiente, que, al igual que Spyri, supo volcar en novelas maravillosas. Su sobrino James Edward Austen, su primer biógrafo, se preguntaba cómo había logrado la tía Jane escribir esas historias rodeada del barullo permanente que había en la casa. Otro detalle para admirarla.

También recuerdo los libros de Émile Zola y de Fedor Dostoievski, que eran de mi papá y que los tomé de su biblioteca. Del primero, me gustaron La ralea y Naná; y del segundo, Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov. Eran novelas muy distintas a las de Spyri y a las de Austen, y no estaban adaptadas para niños ni tenían dibujitos. Sus tramas eran oscuras y a veces sórdidas para la mente de una adolescente. En mi ignorancia, desconocía quiénes eran estos colosos de la literatura. Yo los leía porque estaban al alcance de mi mano, y recién de adulta comprendí la magnitud de estas obras. Todavía las conservo en mi biblioteca. Las ediciones están viejas, amarillentas y deshojadas.

En el próximo capítulo de Recomendados, seguiré haciendo memoria para recordar a los clásicos, cuya lectura ocupó una parte esencial de mi vida.
A solo un mes de la publicación de Caballo de Fuego. Gaza, la espera está haciéndose eterna, lo sé, pero si logramos llegar hasta aquí, conseguiremos hacerlo hasta abril. Faltando días para la publicación, subiremos a mi página y a la de la editorial (Suma de letras) un capítulo del libro. Por mi parte, quiero adelantarles algo ahora. Todos saben que, tanto en París como en Congo, la música se convirtió en pieza clave. Gaza no será la excepción y también contará con su banda sonora. Vayan escuchando en Youtube dos canciones de mi admirada Edith Piaff: Non, je ne regrette rien (No, yo no me arrepiento de nada) y La vie en rose (La vida en rosa).

Aprovecho para comentarles acerca de la película “Ser digno de ser”, del director Radu Mihaileanu, de quien ya les he recomendado en el pasado “El concierto”. Este gran director vuelve a consagrarse con la historia del pequeño Schlomo, que, gracias a la operación del gobierno israelí de 1984, denominada Moisés, logró abandonar su Etiopía natal para radicarse en un país próspero como Israel, donde nunca volverían a faltarle el agua ni el alimento. Pero a Schlomo le faltaba su mamá. La película narra la vida de este etíope en una sociedad tan extraña para él como lo habría sido la de los marcianos. Me encantó y me hizo llorar.

¿Alguna vez les hablé de Victoria Holt? Esta prolífica escritora inglesa creaba tramas en donde mezclaba el suspenso con el romance, en una ambientación gótica, y lograba novelas atrapantes, de esas imposibles de soltar. He leído muchos de sus libros. Mis favoritos son: El amante diabólico, El orgullo del pavo real, El jinete del diablo, La casa de las mil lámparas, Ambición mortal, La señora Mellyn.

Les recomendaré dos libros de una de mis escritoras románticas favoritas: Judith McNaught. El primero se titula Suspiros de pasión. No es fácil de conseguir, tal vez haya que revolver en las librerías de usados o en las ferias de Plaza Italia o de Parque Rivadavia (esto es para los lectores de Buenos Aires) o buscarlo en Mercado Libre, pero creo que valdrá la pena. El otro es Alguien que cuide de mí, que lo encontrarán sin problema. Ambos tienen una ambientación contemporánea y, como dicen los ingleses, son page-turners, es decir, nos harán dar vuelta la página una y otra vez, sin posibilidad de dejarlo hasta el final.

Por último, quisiera invitarlos a la presentación que hará mi amiga, la escritora Gloria V. Casañas, autora de Y porã, el 8 de marzo a las 19 hs. en el local 237 de la planta alta del Boulevard Shopping de Adrogué (Av. Hipólito Yrigoyen 13.200). Invita Boutique del Libro.

"Yo comencé a leer los clásicos cuando era muy chica, sin saber que eran joyas literarias."

− Florencia Bonelli